José Martínez: El proceso tras convertirse.

PRÓLOGO

Hoy es lunes, 17 de agosto, y la voz de José Martínez ha estado resonando por los pasillos de mi casa durante casi todo el fin de semana.

He dedicado una cantidad desmesurada de horas escuchando nuestra conversación. Por el camino, también escuché a Ella Fitzgerald. Cuando terminamos de hablar por primera vez, habían pasado tres horas. Mi cuaderno parecía la escena de un crimen lleno de marcas de tiempo, frases a medias y la moda nos había llevado desde Salvador Dalí hasta Andy Warhol.

No me interesaba preguntarle cuándo supo que quería ser diseñador ni dónde se veía dentro de cinco años. Lo que me interesaba era la contradicción que había en su interior: el hombre que habla de desaparecer a un sueño etéreo para diseñar algo casi de otro mundo y, momentos después, explica por qué unos pantalones cuyo bolsillo está un cuarto de pulgada demasiado bajo pueden ser la razón por la que no se venden. El artista que habla de delirio puede hablar de lana italiana como un fabricante. Y el diseñador que quiere pertenecer a un futuro a cincuenta años vista entiende perfectamente que alguien tiene que pagar por la tela.

Alrededor de la segunda hora, también le comenté que, de vez en cuando, tiene ciertos rasgos y aspectos de un asesino en serie.

Se lo tomó muy bien.

JOSÉ: Quizás algún día haga una colección sobre eso.

FREDDY: Sería muy Joan by McQueen, muy Matières Fécales.

Empezamos por el gusto.

I — EL GUSTO.

FREDDY: ¿Estás de acuerdo con la frase «lo tienes o no»? ¿Crees que el gusto es algo con lo que nacemos o algo que se aprende?

JOSÉ: Creo que el gusto puede ser ambas cosas y ninguna. El gusto es un reflejo de cómo valoras la cultura —la tuya y la de los demás— y de lo bien informado que estás sobre ella. La gente tiende a asociar el gusto con la clase social, y yo no podría estar más en desacuerdo. Da igual si vienes de América, África, Europa o cualquier otro sitio: si respetas la cultura e incorporas ese conocimiento a tu vestuario, a tu decoración y a tu estilo de vida, eso se convierte en un reflejo de lo que valoras estéticamente. El gusto tiene que ver con la educación, pero no necesariamente en el sentido académico. ¿Por qué llevas eso puesto? ¿Por qué te gusta ese cuadro? ¿Por qué te gusta este álbum? Cuanto más profundamente comprendas estas cosas, más desarrollado estará tu gusto. 

FREDDY: Entonces, el gusto es conocer tu propio punto de vista. Además, consideras que el gusto no tiene tanto que ver con aspectos socioeconómicos como con aspectos antropológicos.

JOSÉ: Exacto. Puedes tener un punto de vista kitsch. Puedes adorar el rococó. Puedes adorar el minimalismo. Lo que sea. Si estás lo suficientemente informado sobre ese tema, puedes llegar a la versión más exquisita del mismo.

FREDDY: Lo cual me parece interesante, porque cada vez más la gente trata el buen gusto casi como un compartimento estanco. Creen que hay una silla «de buen gusto», un conjunto «de buen gusto», un piso «de buen gusto». Pero lo que tú describes es casi lo contrario. El objeto en sí mismo no te da buen gusto; es tu relación con el objeto la que te lo da.

JOSÉ: Sí. Exacto.

El buen gusto no se puede comprar. No se puede crear a partir de sandalias, cristal de Murano o el tono adecuado de azul cerúleo. 

FREDDY: ¿Crees que la belleza es una necesidad?

JOSÉ: La belleza es la necesidad más importante. Creo que el mundo entero gira en torno a la belleza. Incluso hemos creado sistemas para cuantificar el valor de ella. Pero cuando la gente oye esa palabra, lo primero que se imagina es probablemente una mujer despampanante con rasgos perfectos, un pelo perfecto y ropa preciosa. No estoy del todo de acuerdo con eso. Para mí, la belleza abarca todo lo bueno de la vida. El valor puede ser bello. Las relaciones pueden ser bellas. Las ideas pueden ser bellas. Y la belleza puede existir en cosas que son objetivamente horribles.

FREDDY: La belleza es algo espiritual.

JOSÉ: Exacto. Desde muy pequeño, me enseñaron a encontrar belleza donde otros quizá ven lo feo. La literatura es un ejemplo perfecto. Se puede expresar de forma hermosa una historia sobre algo terrible. Se puede explicar un problema social horrible a través de algo hermoso. Los diseñadores y los creativos también tenemos esa responsabilidad. Podemos sacar a la luz las cosas feas de la sociedad buscando elementos que permitan a la gente asimilarlas de verdad.

FREDDY: Por eso a veces pienso que la belleza actúa casi como un anestésico frente a la miseria de estar vivo; no porque borre lo horrible, sino porque hace que lo horrible resulte suficientemente soportable como para afrontarlo.

JOSÉ: Sí. También es traducción. Haces que alguien vea algo que, de otro modo, quizá nunca hubiera visto.

FREDDY: Lo cual hace que la belleza sea menos frívola de lo que la gente cree.

JOSÉ: Sí.

II — LA ARTESANÍA EN LA ERA DE LA VELOCIDAD.

FREDDY: Has trabajado desde muy temprano y de forma muy práctica con la ropa: cosiendo, creando patrones, confeccionando. ¿Crees que la artesanía está desapareciendo o que simplemente se ha vuelto invisible?

JOSÉ: La verdad es que no creo que la artesanía esté desapareciendo. Vivimos en una época de producción en masa, algoritmos y capacidad de atención cada vez más limitada. Todo eso ha diluido nuestra percepción de la artesanía. En algún momento, alguien nos hizo creer que la ropa la fabrican simplemente las máquinas. La ropa sigue siendo confeccionada por personas.

FREDDY: La máquina es un disfraz.

JOSÉ: Exacto. Es evidente que algunas técnicas antiguas desaparecen con el tiempo. Eso forma parte de la historia. Pero lo que veo que está desapareciendo es el respeto hacia las personas que se dedican a este oficio. Los sueldos que les pagamos. Las condiciones en las que trabajan. Su calidad de vida. Puede que alguien en una fábrica se haya pasado toda la vida cosiendo mangas o confeccionando cuellos. Quizá su madre lo hiciera, quizá su abuelo conociera otra versión de esa técnica. Siguen siendo habilidades.

FREDDY: Así que la costura no desapareció. Hicimos desaparecer al ser humano que estaba detrás de ella.

JOSÉ: Y eso viene muy bien, porque si la gente cree que todo lo produce una máquina, se hace menos preguntas sobre lo que ocurre detrás de ella.

FREDDY: Sobre la explotación.

JOSÉ: Exacto. La artesanía sigue ahí. Lo que ha cambiado es la historia que le contamos al cliente sobre su origen.

Veo que resulta reconfortante imaginar la producción en serie como algo mecánico. A una máquina no se le puede pagar un salario insuficiente. No puede trabajar en condiciones inseguras. No puede tener hijos que vivan junto a un río contaminado. La costura resulta mucho más fácil de asimilar si carece de autor.

FREDDY: Lo que, inevitablemente, me lleva a plantearme lo siguiente: si alguien no sabe nada sobre cómo se fabrica realmente la ropa, ¿puede verdaderamente amar la moda?

JOSÉ: Creo que pueden decir que aman la moda.

FREDDY: (se ríe).

JOSÉ: Mira, es perfectamente posible apreciar la moda y tener buen ojo. Se puede reconocer un producto bonito sin saber cómo se fabrica. Algo tan sencillo como un tirante de seda rizado en lugar de uno liso transmite valor. Cada detalle que añades más allá de un patrón básico aumenta la dificultad, el precio y el riesgo de producción. Si entiendes por qué esos detalles son importantes, empiezas a ver la prenda de otra manera.

FREDDY: ¿Y si no lo haces?

JOSÉ: Quizá solo te interese la moda. Pero creo que la palabra «amar» debería implicar una relación más profunda. Si no entiendes por qué una costura francesa es la forma adecuada de rematar un vestido de seda, por ejemplo, hay un aspecto del objeto que, sencillamente, no estás captando.

FREDDY: Así que hay que ganarse el título.

JOSÉ: Sí. El hombre al que amas es aquel con el que acabas casándote. No es con el que estuviste obsesionado unas cuantas noches. No puedes decidir que amas a alguien hasta que realmente lo conoces.

FREDDY: La moda como matrimonio… no hay nada más convincente. Entonces, ¿qué te enseña la costura que el dibujo nunca podría enseñarte?

JOSÉ: Las leyes de la gravedad. Un boceto nunca te dirá exactamente cómo va a caer una tela. Tampoco te dirá cómo se siente o cómo se comporta una vez que está en movimiento. Dibujar es una de las mejores herramientas que tienes para comunicar una visión, pero el drapeado te enseña cómo es realmente el objeto.

FREDDY: El boceto, en este caso, es el idealismo, y luego la gravedad te humilla.

JOSÉ: Básicamente. Por eso son tan importantes los cortadores, los patronistas y los diseñadores técnicos. Son ellos quienes reflexionan de forma lógica sobre cómo conseguir que la prenda sea lo más cómoda posible de llevar.

FREDDY: Se me resulta interesante, porque tu lenguaje creativo se basa mucho en la fantasía. Me has hablado de cómo, en tu proceso creativo, te adentras en un espacio mental completamente diferente. 

JOSÉ: Y eso es precisamente lo que me permite hacer que la fantasía funcione. Se necesitan ambas cosas.

José me descubrió «Eungenio» Salvador Dalí, de Mecano, una canción sobre la línea que separa el genio de la locura. Dalí nos llevó a México, al surrealismo y, finalmente, a la pregunta obvia.

FREDDY: ¿Crees que el artista tiene que tener un cierto grado de locura?

JOSÉ: Por supuesto. Aunque no me refiero a una locura extrema. Es obvio que hay que ser lo suficientemente funcional como para vivir. Pero creo que se necesita cierta cantidad de insanía. Si no la tienes, como artista, tu cerebro no va por los caminos correctos.

FREDDY: Esto va a sonar un poco ofensivo, pero lo digo con la mejor intención posible: cuando hablo contigo, noto enseguida que hay algo un poco… raro. Hay algo extraño ahí. Tus expresiones, tu forma de hablar, algo.

JOSÉ: Me encanta eso.

JOSÉ: Me encanta profundizar en la espiritualidad. Lo etéreo. Necesito soñar despierto. Necesito dejarme llevar. Si me limitara a lo que se considera normal, eso acabaría con mi arte.

FREDDY: Así que la convencionalidad es el verdadero peligro.

JOSÉ: Ser convencional casi siempre camina de la mano con ser mediocre.

FREDDY: Lo cual encaja a la perfección con que iniciaras por el teatro.

JOSÉ: Al principio quería ser pintor. Luego, una profesora me pidió que le ayudara a diseñar una obra de teatro. Básicamente, me dijo: «Te voy a enseñar un poco de historia de la moda y tú ya te las arreglarás». Al final, acabé encargándome de las producciones del colegio y gestionando los presupuestos.

FREDDY: Así que, desde el principio, la moda para ti fue el vínculo en el cual un mundo cobra vida.

JOSÉ: Y lo sigue siendo. Cuando diseño, necesito saber dónde está esa persona, cuándo ocurre todo esto y qué mundo rodea a la ropa. Es otra realidad.

Antes de que existieran los clientes, los compradores, los informes de ventas y los proveedores, había personajes que necesitaban ropa para poder existir en un mundo imaginario. Años más tarde, la ropa se ha vuelto considerablemente más sofisticada desde el punto de vista técnico.

III — EL COMERCIO FRENTE AL ARTE.

FREDDY: ¿Es el compromiso el precio que hay que pagar por trabajar en el mundo de la moda?

JOSÉ: Por supuesto. Creo que los diseñadores de hoy en día son versiones actuales de los genios artísticos que estudiamos a lo largo de la historia, porque la moda abarca el comercio, la pintura, la escultura, el tejido y la costura. Y sitúo el comercio al principio de esa lista porque, para un artista, el comercio es probablemente el mayor reto. Dicta y limita la función de tu arte.

FREDDY: Pero dominar esa limitación también forma parte del talento.

JOSÉ: Exacto. Ser creativo dentro de esas limitaciones y conseguir que el producto siga pareciendo innovador es un éxito. La gente cree que un diseñador se limita a diseñar una colección y que todos los diseños acaban en la pasarela. Pero no es así como funciona. 

FREDDY: Of course. There are percentages of categories inside the collection. There are products that need to exist because commercially the customer expects them. Sometimes something sold extremely well last season, so you sell it again. Jonathan Anderson is a good example.

JOSÉ: Totalmente. Basta con fijarse en JW Anderson, Dior y una marca tan comercial como Uniqlo para darse cuenta de que se trata de tres versiones diferentes del mismo artista que operan dentro de sistemas totalmente distintos. 

FREDDY: Sin embargo, tu obra personal funciona de otra manera.

JOSÉ: Totalmente. Me considero un diseñador de moda multidisciplinar que está creando un conjunto de herramientas que abarca distintas categorías: alta costura, moda rápida, moda comercial y confección a medida. Ahora mismo estoy aprendiendo sobre los tejidos y materiales de mayor calidad. Puede que esas cosas parezcan alejadas de la visión de JMP, pero no lo están. Al final, todas ellas pasan a formar parte de la misma visión.

FREDDY: Al principio lo vi como una contradicción. La persona que disfruta desaparecer en un mundo etéreo también diseña ropa comercial.

JOSÉ: Es una etapa inevitable. Mi trabajo a tiempo completo me proporciona los recursos necesarios para crear lo que realmente quiero. Por desgracia, el dinero facilita la ejecución de la creatividad. Necesito suficiente tela para cortar, probar, destrozar y volver a intentar. Ese proceso cuesta dinero. Si no pudiera financiarlo, JMP habría desaparecido.

FREDDY: ¿Crees que la moda comercial puede ser aspiracional?

JOSÉ: Por supuesto. Generar aspiración puede ser tan sencillo como elegir el estampado de rayas o floral adecuado, pero solo si entiendes el mundo que estás intentando crear. Todo se reduce a estar bien informado. ¿Qué combinaciones de colores transmiten la personalidad de este personaje? ¿Qué tejido? ¿Qué escenario?

FREDDY: Así que la aspiración no reside exclusivamente en la prenda.

JOSÉ: Para nada. Lo más importante es saber exactamente quién es tu cliente y en quién quiere convertirse.

FREDDY: Esto implica que necesitas saber mucho más que su talla.

JOSÉ: Todo. ¿En qué tipo de casa vive? ¿Cómo es su día a día? ¿Recoge a sus hijos del colegio? ¿Hace ejercicio? ¿Dónde? ¿Qué come? Si compra alimentos ecológicos, quizá no le vaya bien el poliéster. Cuanta más información tengas sobre tu clienta, mejor entenderás cómo satisfacer sus necesidades.

FREDDY: Eso ya es vigilancia lujosa.

JOSÉ: Por ahí va la cosa.

FREDDY: Averigua a qué bar suele ir a tomar.

JOSÉ: O saber que ella no va a bares.

FREDDY: Quizá beba vino natural.

JOSÉ: (se ríe) Exacto.

FREDDY: Pero, en definitiva, eso es lo que significa tener aspiraciones. Sabes dónde está, pero, aun más importante, sabes quién quiere ser.

JOSÉ: Si entiendes a esa persona, puedes situar la imagen que ella desea proyectar de sí misma en un contexto y venderle el camino para alcanzarla.

FREDDY: Entonces, ¿a quién pertenece la moda? ¿Al diseñador o al cliente?

JOSÉ: El cliente es lo primero. Pero esperemos que tengas buenos clientes. Si te posicionas correctamente y creas la clientela adecuada, al final la gente acudirá a ti porque quiere lo que tú ofreces. 

FREDDY: Lo cual es, quizá, la relación ideal en la alta costura. Pasas el tiempo suficiente con el diseñador para que te entienda y, luego, él crea algo que tú nunca hubieras sido capaz de expresar.

JOSÉ: Eso es lo que hacemos. Te miro de una forma en la que tú nunca serás capaz de mirarte a ti mismo. Puedo interpretar algo de ti que quizá ni siquiera sabías que existía.

FREDDY: Puede que sea la razón más convincente para gastarse una cantidad absurda de dinero en alta costura.

JOSÉ: Por supuesto.

IV — MEMORIA, LEGADO E INMORTALIDAD.

FREDDY: Últimamente he estado pensando mucho en el olvido. Van Gogh ahora es fucking Van Gogh, pero Van Gogh nunca llegó a experimentar lo que era ser Van Gogh. Entonces, ¿por qué a los seres humanos les importa tanto dejar algo tras de sí? ¿A qué se debe esta obsesión por el legado?

JOSÉ: Creo que simplemente tenemos miedo a morir.

FREDDY: ¿Tan sencillo?

JOSÉ: Sinceramente, creo que la mortalidad es una de las principales razones por las que actuamos. Algún día ya no estaré aquí. Tengo tiempo limitado. Tengo que asegurarme de hacer lo que tengo que hacer antes de que se cumpla ese plazo. Con suerte, dejarás algo atrás lo suficientemente importante como para que la gente te recuerde.

FREDDY: Entonces, ¿crees que dejamos de existir cuando nos olvidan?

JOSÉ: En cierto sentido, sí. Da Vinci sigue vivo. Michael Jackson sigue vivo. Queen sigue vivo. Hablamos constantemente de ellos. Su arte sigue enseñándonos cosas. Y, espiritualmente, creo que si la gente te recuerda y habla de ti, tu alma sigue presente.

José me había recomendado Los diarios de Andy Warhol, en parte por la extraordinaria capacidad con la cual el artista comprendió la cultura que se avecinaba antes de que la mayoría de la gente se diera cuenta. 

FREDDY: ¿Puede el artista cambiar el mundo?

JOSÉ: Por supuesto. Warhol es un ejemplo. Su visión de la fama, la imagen, la publicidad y la cultura pop cambió por completo la forma en que la gente percibía estas cosas. Madonna. Lo que ha hecho en torno a la sexualidad, el movimiento LGBTQ+ y, ahora, la discriminación por edad, va mucho más allá de simplemente hacer música.

FREDDY: Si alguien descubriera tu arte dentro de cincuenta años, ¿qué te gustaría que entendiera de ti?

JOSÉ: Que yo formaba parte de su época.

FREDDY: Explícate.

JOSÉ: Siempre se oye decir que alguien era demasiado avanzado para su época. Me encantaría que mis obras hicieran que, dentro de cincuenta años, alguien pensara que encajaba más en su época que en la mía.

FREDDY: Así que quieres que el futuro te reclame.

JOSÉ: Por ahí va la cosa.

Es una ambición atrevida . Me gusta.

V— EL FUTURO.

FREDDY: ¿Qué es lo que más te asusta de la moda hoy en día?

JOSÉ: Su impacto en el medio ambiente. La ética que subyace a gran parte de la producción industrial. En mis primeras clases de textiles, mi profesor nos mostró cómo el teñido y la fabricación pueden afectar al agua en los alrededores de los centros de producción. Ves a las comunidades que viven junto a ellos: niños, animales, agricultura. Al final te das cuenta de que aquello que más te gusta puede ser responsable de algo terrible para el planeta.

FREDDY: Lo cual resulta especialmente incómodo cuando te metes en el mundo de la moda porque crees en su belleza.

JOSÉ: Exacto. Acabé dedicándome a la moda porque me encanta el arte. Y entonces tienes que enfrentarte a todo lo que hay detrás de esta materia tan bonita.

FREDDY: ¿Eso cambia tu forma de diseñar?

JOSÉ: Tiene que ser así. En el ámbito empresarial, puedo plantearme utilizar mejores fibras, mejor algodón, mejor lino y recurrir a fábricas con normas éticas más estrictas. En mi trabajo personal a medida, la escala es menor, pero aun así tengo que ser consciente y responsable de lo que utilizo.

FREDDY: Entonces, ¿qué te da esperanza?

JOSÉ: ¿Sinceramente? El currículum que estoy creando. He trabajado en diferentes ámbitos: proyectos técnicos y corporativos, proyectos para la Met Gala, moda femenina, masculina y confección a medida. Durante mucho tiempo me consideraba únicamente una persona creativa, y casi interpretaba eso como lo contrario de ser inteligente. Ahora, al ver todo lo que voy acumulando, me doy cuenta de que estoy reuniendo evidencia de todas las cosas que sé hacer.

FREDDY: Otra vez la caja de herramientas. También me dijiste que te sientes optimista respecto a la moda en general.

JOSÉ: Sí. Durante un tiempo tuve la sensación de que la moda estaba casi muerta. En algún momento entre 2010 y principios de 2020, me parecía que se había quedado estancada. Ahora siento que los diseñadores están creando prendas que vuelven a entusiasmarme. Se nota que están hechas con esmero. Respetan la tradición sin dejar de parecer frescas. Poco a poco, la moda vuelve a cobrar vida. Aunque todavía no del todo.

FREDDY: Yo siento algo parecido. Hay un grupo de personas que están dispuestas a decir: «No, esto no funciona». Les importa de dónde vienen las cosas, cuál es la intención o si algo merece atención. No hace falta poder permitirse económicamente la alta costura para querer que exista. A veces, basta con ser testigo.

JOSÉ: Exacto.

FREDDY: Ya sabes el tipo de diseñador que quieres ser. ¿Qué tipo de diseñador te niegas a ser?

JOSÉ: No quiero crear algo que no esté a la altura de mis conocimientos. Ya se trate de moda comercial o de alta costura, nunca quiero crear un producto que no refleje lo buen diseñador que sé que puedo llegar a ser. Empecé a dedicarme a esto cuando tenía unos trece años. He trabajado demasiado como para conformarme con menos.

FREDDY: Lo cual nos lleva de vuelta al principio. Iniciaste en el mundo del teatro. Los conocimientos técnicos,  comerciales y de construcción te han proporcionado, en esencia, las herramientas con las que construir esos mismos mundos imaginarios.

JOSÉ: Exacto. Sigue siendo la materialización de una visión.

VI — LA ÚLTIMA PREGUNTA.

FREDDY: Olvídate de la moda. Olvídate del arte. Eres, sencillamente, un ser humano. ¿Qué esperas que la humanidad nunca pierda?

JOSÉ: Empatía.

JOSÉ: Creo que la empatía es el mayor problema al que nos enfrentamos como sociedad. La falta de comprensión mutua está acabando con la colaboración, las relaciones, el medio ambiente y el tacto humano. Al igual que antes hablábamos de la paciencia, creo que la combinación de ambas cosas representa la mayor amenaza para nosotros, los seres humanos, y para el mundo en su conjunto. Espero que esto sea algo que la humanidad nunca pierda, porque en el momento en que lo hagamos, todo lo que nos rodea sufrirá con nosotros.

FREDDY: Es curioso, porque hace tres horas me dijiste que la belleza era la mayor necesidad humana.

JOSÉ: Sigo pensando que sí.

FREDDY: Pero quizá el sentido de contemplar la belleza sea aprender a vernos unos a otros.

JOSÉ: Quizás.

EPÍLOGO

Al cabo de un rato, tras volver a escuchar la conversación, me sorprendí a mí mismo pensando menos en José y más en lo que significa ser artista. Un artista observa lo que todos los demás ya han visto, pero insiste en que aún hay algo ahí. Cuestiona las respuestas con las que nos hemos acomodado. Sabe lo suficiente del pasado como para respetarlo, pero nunca lo suficiente como para someterse a él. Grace Coddington aprendió a mantener los ojos abiertos: a observar, a mirar, a absorber y, finalmente, a plasmarlo todo en su obra. Quizá uno de los primeros dones con los que nace un artista sea la sensibilidad para ver. 

Agnes Martin tardó veinte años en dar con el lenguaje visual que resonaba con ella; Marina Abramović ha convertido la resistencia en sí misma en parte del proceso creativo. Susan Sontag nos inspiró a recuperar nuestros sentidos. Quizá el artista sea simplemente aquella persona que nunca acepta perderlos. El artista sobrevive protegiendo esa parte de sí mismo. El mundo acabará pidiéndole que sea sensato, rentable o lógico. A veces lo ignorará por completo. Nada de esto resta importancia a los años dedicados a observar, aprender, fracasar y madurar. 

Cerré mi diario pensando que quizá el arte comienza con el rechazo: a ver menos, a sentir menos o a aceptar el mundo tal y como te lo han entregado. El artista sigue observando hasta que algo se le revela y, entonces, deja tras de sí una prueba de lo que, por un instante, vio. Es un torbellino de sensibilidad, disciplina, obsesión y —en esto tenía razón— cierta dosis de locura. Y, según esa definición, creo que José Martínez encaja a la perfección.


REDACTADO Y EDITADO POR FREDDY ESPINAL
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